martes, 9 de marzo de 2010

EL DESTINO DE LA MUJER, EN GRECIA

De todos los seres que poseen vida y razón, nosotras las mujeres somos la especie más desgraciada. Debemos, en primer lugar, comprarnos a precio excesivo, una marido, un dueño absoluto de nuestro cuerpo, lo cual es más doloroso aún que la dote que se paga. Y, además, en ello hay un riesgo supremo: tomar marido bueno o malo, ya que la separación sólo trae deshonra a las mujeres que no pueden repudiar a sus esposos. Entre normas y costumbres nuevas que no conoce por su casa, debe la esposa adivinar el modo mejor de tratar a quien comparte su lecho. Si tenemos éxito a nuestro esfuerzo y el marido soporta de buen grado el yugo de la vida en común, nuestra vida es envidiable. Si no es así, la muerte es la única solución. Un hombre, en cambio, cuando la vida de familia de resulta fastidiosa, abandona su hogar y pone fin a su hastío de su corazón (con el trato de un amigo o compañero). Nosotras, por el contrario estamos obligadas a tener puestos los ojos en una única apersona. Arguyen que vivimos en casa una vida sin riesgos, mientras ellos se baten con lanza. Argumento malicioso ése. Pues preferiría afrontar tres veces el combate a parir una sola vez.
Eurípides (484-406 a.C.) Medea vv 230-250
(trad. Antonio Melero Bellido)
Imagen Sir Laurence Alma Tadema La despedida

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